Por: Verónica Espinal
Esto es parte de mi cuento, por eso tenia
que empezar con esa clásica línea. Un día
de tantos, hace muchos años, decidí conocer
otras muchachas por medio de la famosa
Internet. Puse mi anuncio, contesté otros, intercambiamos
e-mails y hasta converse por
teléfono con unas cuantas. Para hacerles el
cuento corto, empecé a hablar con regularidad
con una joven, de la que realmente no
recuerdo ni el nombre. Por teléfono teníamos
buena química e inclusive había una cierta
atracción más o menos fuerte, hasta que decidimos
conocernos personalmente.
Por supuesto tenia que ser lejos de mi
casa, entre más distante mejor (era mi época
de empezar a remodelar mi closet). Aún no
podía creer lo que estaba haciendo pero bueno,
de alguna forma tenia que dar el primer
paso. Como toda buena dama, cometí el error
de recoger a la joven en su casa para ir por
supuesto, al cine. Ahora viene el trauma. Estoy
esperándola al frente y de pronto veo venir
a una muchacha (la bestia del cuento) con
una apariencia desagradable. Me arrepentí
totalmente de haber manejado casi por una
hora para conocerla.
Sin deseos de ofender a nadie pero, era
un hombre completo desde la cruz hasta la
cola. Toda ella era ordinaria, sin gota de personalidad
y como si fuera poco tenia la peor
dentadura que jamás ojos humanos hayan
visto. En ese momento sólo me imaginaba lo
repugnante que seria darle un beso a esta
muchacha. Pero bueno, llegamos al cine y la
mande a revisar la cartelera, en ese momento
mi mente maquiavélica pensaba en dejarla
en el cine e irme del lugar (tan mala no soy).
Enseguida puse en práctica una buena táctica,
deje mi (ahora dinosaurio) beeper en el carro…a
propósito. Me dio tanto repudio esta joven que
ni siquiera quería que nos vieran caminando
juntas. Estúpidamente escogí una película que
recién se estrenaba y por supuesto, todo el
mundo estaba esa noche en el cine.
Otro momento penoso fue cuando mi
famoso “date” puso los pies sobre la silla
delantera donde además, estaban dos viejitas
sentadas. Me quería derretir de la pena cuando,
gracias a Dios, se terminó la película que
como se podrán imaginar, fue la más larga
que he visto en mi vida.
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